Escalando castigos auto infligidos (Bo)

Escalando castigos auto infligidos (Bo)

Toda persona culpable es su propio verdugo. -Seneca el Viejo

Dios derrama su ira sobre el pueblo de Egipto. Plagas de sangre, ranas, piojos, animales salvajes, forúnculos, granizo, langostas y más devastan el más poderoso imperio del planeta por negarse a dejar ir al pueblo de Israel. El Faraón se mantiene firme en contra de esta embestida, negando consistentemente a la nación hebrea su libertad. Él insiste en mantenerlos esclavizados, no les permite su viaje de tres días para adorar a Dios.

Al final, es la terquedad del Faraón (que en algún momento puede haber sido aumentada por Dios) lo que condena a Egipto. Si hubiera dejado ir a los judíos a la primera petición, él y su país se habrían librado de todo el dolor, la muerte y la destrucción.

Rabbeinu Behaye en Éxodo 12:33 (Bo) explica que la grosería de Faraón, su negación de Dios y su negativa a enviar a los judíos según lo solicitado fueron correspondidos en los términos más duros de una manera que reconocería irrefutablemente a Dios, al ser golpeado con las plagas, y finalmente se vería obligado a enviar a los judíos fuera de Egipto.

Rabbeinu Behaye da un ejemplo de un ministro que le pidió a su sirviente que le comprara pescado; el sirviente fue y le compró un trozo de pescado podrido. El ministro, como castigo, le da al siervo tres opciones: “come el pescado tú mismo, recibe cien latigazos, o paga cien piezas”. El sirviente dice: “Me comeré el pescado”, pero a mitad de camino dice: “No puedo comer más, preferiría tener los latigazos”. Lo azotan, pero a mitad de camino dice: “No puedo con esto, prefiero pagar las cien piezas”. El sirviente terminó infligirse a sí mismo los tres castigos.

Así fue con Faraón y los egipcios. Fueron azotados con todas las plagas, enviaron fuera a los judíos, y ademas los enviaron fuera con oro y riquezas.

Que los obstinados enemigos de Israel hoy reciban su merecido pronto y en nuestros días.

Shabat Shalom,

Ben-Tzion

Dedicación

Al juez Mchaim Lieberman en su 50 cumpleaños. Que continúe impartiendo justicia cuando él pueda.

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Rabino Sacks Bo 5778 – La historia que relatamos

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

La historia que relatamos

Bo 5778

Rabino Sacks Bo 5778 [PDF]

Este sigue siendo uno de los pasajes más contrario a lo esperado de toda la literatura religiosa. Moshé se dirige al pueblo pocos días antes de su liberación. Habían estado exiliados durante 210 años. Después de un primer período de opulencia y calma, fueron oprimidos, esclavizados, y sus hijos asesinados en un proceso de genocidio gradual. En ese momento, después de señales, portentos y de una serie de plagas que puso de rodillas al imperio más antiguo del mundo, estaban por ser liberados.

Sin embargo Moshé no habla de la liberación ni de la tierra en la que fluye leche y miel ni de la travesía que están por comenzar a través del desierto. En su lugar, en tres oportunidades distintas, habla del futuro lejano, cuando se complete la travesía y el pueblo –  finalmente libre – esté en su propia tierra. Y de lo que habla, no es de la tierra en sí o del tipo de sociedad qué deben crear o de las exigencias y responsabilidades de la libertad. (1)

En vez de eso, habla de educación, específicamente de los deberes de los padres para con sus hijos. Habla de las preguntas que pueden hacer los niños cuando las circunstancias épicas que están por ocurrir, queden en el mejor de los casos en una memoria lejana. Le dice a los israelitas que hagan lo que los judíos habían hecho desde entonces hasta ahora. Cuenten a los niños la historia. Háganlo en la forma más efectiva. Reediten el drama del exilio y del éxodo, de la esclavitud y de la liberación. Asegúrense de que la historia que cuentan es la de ustedes mismos, no una versión anquilosada de esos eventos. Digan que la manera en que viven y las ceremonias que observan son “por lo que Dios hizo por mí – no por mis antepasados sino por mí”. Háganlo de manera vibrante, personal y vívida.

Esto lo dijo, no en una, sino en tres oportunidades.

            “Y sucederá que cuando vengan a la tierra que les dará Dios a ustedes tal como Él ha hablado, observarán esta ceremonia. Y ocurrirá que cuando sus hijos les dirán “Qué es esta ceremonia para ustedes?” Ustedes dirán: “Es una ofrenda festiva de Pesaj para Dios, que salteó las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando golpeó a los egipcios pero salvó nuestras casas”. (Ex. 12: 25-27).

“Y le relatarás a tu hijo en ese día diciendo: ‘Es a causa de esto que actuó Dios para mí cuando salí de Egipto.’” (Ex. 13: 8).

            “Y sucederá, cuando te pregunte tu hijo, en un futuro, diciendo: ‘Qué es esto?’ le dirás: ‘Con mano fuerte nos sacó Dios de Egipto, de la casa de la esclavitud’.” (Ex. 13: 14).

            Por qué era esto lo más importante que podía hacer en ese momento intenso de redención? Porque la libertad es el trabajo de una nación, las naciones necesitan de una identidad, la identidad requiere memoria y la memoria está engarzada en las historias que contamos. Sin narrativa no hay memoria, y sin memoria no tenemos identidad. El vínculo más poderoso entre las generaciones es el relato de los que nos antecedieron – relato que se transforma en nuestro, y que entregamos como herencia sagrada a los que vendrán después de nosotros. Nosotros somos la historia que relatamos sobre nosotros mismos, y la identidad comienza con el relato que los padres cuentan a sus hijos.

            Esa narrativa da respuesta a las tres preguntas fundamentales que cada individuo reflexivo preguntará en algún momento de su vida: quién soy yo? Por qué estoy aquí? Entonces, cómo debo vivir? Hay muchas respuestas a estas preguntas, pero las judías son: Soy un integrante del pueblo que Dios llevó de la esclavitud a la libertad. Estoy aquí para construir una sociedad que honra la libertad de los demás, no solo la mía. Y debo vivir con el conocimiento consciente de que la libertad es un don dado por Dios, que se honra guardando Su pacto de ley y de amor.

Dos veces en la historia de Occidente este hecho fue olvidado, ignorado o desoído. En los siglos XVII y XVIII, hubo un esfuerzo específico por crear un mundo sin identidades. El proyecto se llamó Iluminismo. Era un sueño noble. A él le debemos muchos de los desarrollos cuyo valor está fuera de cuestión y qué debemos luchar por preservar. En un aspecto, sin embargo, falló, y era inevitable que ocurriera: la intención de vivir sin identidad.

El argumento era así: la identidad a través de la Edad Media estaba basada en la religión. Pero la religión durante siglos condujo a la guerra entre cristianos y musulmanes. Después de la Reforma, la guerra derivó entre cristianos y cristianos. Protestantes y católicos. Por lo tanto, para abolir la guerra había que ir más allá de la identidad, ya que las identidades son específicas. Era entonces necesario adorar solo lo universal: la razón y la observación, la filosofía y la ciencia. Tengamos sistemas, no narrativas. Entonces seremos una sola humanidad, como era el mundo antes de Babel.

Como lo expresó Schiller y también Beethoven en el último movimiento de su Novena Sinfonía: Alle Menschen werden Brüder, “todos los hombres son hermanos.”

Eso no podrá llegar a ser, al menos como está constituída la humanidad en la actualidad. La reacción, cuando ocurrió, fue feroz y desastrosa. El siglo XIX vio el retorno de los oprimidos. La identidad volvió con venganzas, esta vez basada no en la religión sino en uno de sus tres substitutos: el estado nación, la raza (aria) y la clase (obrera). En el siglo XX, el estado nación derivó en dos guerras mundiales. La raza condujo al Holocausto. La lucha de clases, a Stalin, el Gulag y la KGB. Cien millones de personas murieron en nombre de estos tres falsos dioses.

Durante los últimos cincuenta años Occidente ha estado embarcado en un segundo intento de abolir la identidad, esta vez en sentido opuesto. Lo que Occidente secular reverencia ahora no es lo universal sino lo individual: lo de uno, el Yo. La moralidad -el grueso código de valores compartidos que liga a la sociedad en beneficio del bien común – ha sido disuelta en el derecho de cada individuo de ser y hacer cualquier cosa que desee, mientras no perjudique a los demás.

Las identidades se han convertido en meras máscaras que usamos temporalmente y sin compromiso. Para grandes porciones de la sociedad el matrimonio es un anacronismo, la paternidad, demorada o declinada, y la comunidad una masa amorfa. Aún tenemos historias: de Harry Potter al Señor de los Anillos o Star Wars, pero son películas, ficciones, fantasías – una forma no de compromiso sino de escapismo. Ese mundo es supremamente tolerante, hasta que se encuentra con visiones que no le son placenteras, en cuyo caso se vuelve brutalmente intolerante, y eventualmente degenera en política de masas. Ese es el populismo, preludio de la tiranía.

El hiperindividualismo de hoy no perdurará. Somos animales sociales. No podemos vivir sin identidades, familias, comunidades y responsabilidad colectiva. Lo cual significa que no podemos vivir sin historias que nos conectan con un pasado, con un futuro, y con un grupo más grande cuya historia y destino compartimos. La introspección bíblica sigue en pie. Para crear y sostener una sociedad libre es necesario enseñar a los hijos la historia de cómo conseguimos la libertad, y sentir el gusto que tiene su carencia: el gusto del pan ázimo de la aflicción y de las hierbas amargas de la esclavitud. Si pierdes la historia, eventualmente perderás la libertad. Es lo que ocurre cuando olvidas quién eres y por qué.

El mejor regalo que podemos darles a nuestros hijos no es el dinero ni las posesiones sino una historia – una historia verdadera, no una fantasía, una que los conecta a ellos con nosotros y a una herencia rica en elevados ideales. No somos partículas de polvo sopladas por los vientos de una moda o de una tendencia. Somos los herederos de una historia que inspiró a centenares de generaciones de nuestros antepasados y que transformaron con el tiempo al mundo Occidental. Lo que se olvida, se pierde. Occidente está olvidando su historia. Nosotros no debemos olvidar nunca la nuestra.

Con la visión retrospectiva de treinta y tres siglos podemos ver cuánta razón tuvo Moshé. Una historia contada a través de las generaciones es el regalo de la identidad, y cuando sabes quién eres y por qué, puedes recorrer la inmensidad del tiempo con coraje y confianza. Esa es la idea qué cambia la vida.

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  1. Eso, naturalmente es un tema primordial del libro de Deuteronomio.

 

 

El dedo de Dios (Vaera)

El dedo de Dios (Vaera)

Cuando era joven, le dije a Dios, Dios, dime el misterio del universo. Pero Dios respondió, ese conocimiento es solo para mí. Entonces dije, Dios, dime el misterio del maní. Entonces Dios dijo, bueno, George, eso es más cerca de tu tamaño. -George Washington Carver

En la tercera de las diez plagas que golpearon Egipto, los hechiceros de Faraón declaran perspicazmente “este es el dedo de Dios”. Entendieron a partir de la tercera plaga, la plaga de piojos, que no se trataba de una prestidigitación o un truco de conjuradores. Esta era una intervención divina directa. Ellos aprenderían, hasta el punto de la destrucción, que hay un Dios activo e involucrado que se siente libre para dirigir las cuestiones y los fenómenos de una manera más “personal” y no siempre deja las cosas a la “naturaleza” o probabilidad.

Rabbeinu Behaye en Éxodo 8:15 (Vaera) cita al Rabino Saadia Gaon quien destaca que solo hay otros dos eventos en la Biblia hebrea donde se menciona el dedo de Dios. Una es cuando describe la escritura de los Diez Mandamientos en las tablas de la ley. El segundo es en una descripción de la creación de las esferas celestiales (Salmos 8:4). Este uso limitado y exclusivo del dedo de Dios en el texto bíblico viene a enseñar una lección más profunda, a saber, que Dios es en última instancia responsable de todo en nuestro mundo, grande, pequeño, sagrado o mundano.

Desde las creaciones más grandes conocidas por el hombre, los planetas y las estrellas, hasta la criatura más pequeña visible, un piojo; Dios es el Creador de lo masivo, lo minúsculo y todo lo que está en medio. Sin embargo, Él es también el escriba de las Tablas de la Ley, cuyo material no era más que la humilde roca, pero ningún elemento terrenal jamás ha poseído tal resplandor divino.

La razón por la cual el término Dedo de Dios se usa en los tres aspectos totalmente diferentes es transmitir que Dios es capaz de todo. Todo está dentro de su capacidad. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño están igualmente dentro de Su alcance. Dios está involucrado entre bastidores en la creación, supervisión y habilitación de nuestra realidad. Su preferencia es, como con los mandamientos, que usemos la realidad material que Él provee y sostiene para alcanzar lo sagrado, lo santo y lo divino. Entonces podríamos tener la oportunidad de comprender una parte de Dios.

Que podamos ver el dedo de Dios en nuestra realidad y apreciarlo.

Shabat Shalom,

Ben-Tzion

Dedicación

A la memoria de Eliezer Ben Yehuda, padre del hebreo moderno, en su 160 aniversario.

 

Rabino Sacks Vaerá 5778 – Libre voluntad: la usas o la pierdes

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Libre voluntad: la usas o la pierdes

Vaerá 5778

Rabino Sacks Vaera 5778 [PDF]

En la parashá Vaerá leemos por primera vez, no acerca del endurecimiento del corazón del Faraón, sino sobre la voluntad de Dios: “Yo endureceré el corazón del Faraón,” le dice Dios a Moshé, “y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto” (Ex. 7: 3). Y así efectivamente lo vemos en la sexta plaga, sarna (Ex. 9: 12), la octava, langostas (Ex. 10: 1, 20)  y la décima, la muerte de los primogénitos (Ex. 11: 10). En cada uno de estos casos, el endurecimiento es atribuido a Dios.

He aquí el problema que desconcertó a los sabios y comentaristas posteriores: Si Dios era el causante y el Faraón un ente meramente pasivo, cuál fue su pecado? No tuvo posibilidad de elegir y por lo tanto, no le cabe responsabilidad ni culpa. Los estudiosos plantean una amplia gama de respuestas. Una: la pérdida de la libre elección en las segundas cinco plagas fue el castigo por su obstinación en las primera cinco, donde pudo haber actuado libremente. (1) Dos: el verbo en cuestión, j-z-k no significa “endurecer” sino “fortalecer.” Dios no le estaba quitando la libertad de elección, sino por lo contrario, preservándolo, en aras de los sobrecogedores desastres que estaban afectando a Egipto. Tres: Dios está asociado a toda acción humana, pero solemos atribuirle un evento a Dios cuando el hecho nos resulta inexplicable en términos humanos. El Faraón actuó libremente en todo momento, pero fue en las últimas cinco plagas que su comportamiento fue tan extraño que se le atribuyó a Dios.  (3)

Vemos que los estudiosos fueron reacios a tomar el texto literalmente – con toda razón, ya que la libre voluntad es uno de los valores fundamentales del judaísmo. Maimónides lo explica de esta forma: si no tuviéramos libertad de elección, dice, no tendrían sentido los preceptos ni las prohibiciones, ya que estaríamos actuando como si estuviéramos predestinados, independientemente de lo que dice la ley. Tampoco habría justicia tanto en la recompensa como en el castigo, ya que ni los justos ni los transgresores serían libres de ser distintos de como son. (4)

Por lo visto, el problema es antiguo. (5) Pero se ha vuelto más vigente en los últimos tiempos debido a la acumulación de desafíos a la convicción de la libertad humana. Marx afirmó que la historia está configurada por las fuerzas de la economía. Freud escribió que somos lo que somos debido a nuestra pulsión inconsciente. Los neodarwinianos argumentan que por más que racionalicemos nuestro comportamiento, hacemos lo que hacemos porque la manera en que otros se comportaron de esa forma en el pasado, sobrevive en sus genes para las generaciones futuras. Más recientemente, los especialistas en neurociencias nos han demostrado, a través de estudios de resonancia magnética, que en algunos casos nuestro cerebro registra una decisión hasta siete segundos antes de tomar conciencia de ella.(6)

Todo esto es muy importante, pero los seculares contemporáneos no suelen darse cuenta de lo que sabían los estudiosos de la antigüedad: que si verdaderamente carecemos de libre voluntad, toda nuestra concepción de lo que es el ser humano se convertirá en polvo. Hay una flagrante contradicción en el corazón de nuestra cultura. Por un lado, los seculares creen que no hay nada que deba limitar nuestra libertad de elegir cualquier cosa que queramos hacer o ser lo que deseemos ser, con la condición de no dañar a los demás. Su valor supremo es la elección autónoma. Por otro lado, los seculares nos dicen que la libertad no existe. Por qué entonces invocar la libertad de elección como el valor que es si, según la ciencia, es una ilusión?

            Si el determinismo duro resultara cierto, no habría motivo para honrar la libertad o la sociedad libre. Al contrario, deberíamos celebrar el Brave New World (Un Mundo Nuevo) de Aldous Huxley donde los niños son concebidos e incubados en el laboratorio, y los adultos programados para ser felices mediante drogas y placeres. Deberíamos implementar el escenario de The Clockwork Orange (La Naranja Mecánica) de Anthony Burgess, donde los criminales son rehabilitados por el reacondicionamiento o la cirugía del cerebro. Si la libertad no existe, por qué preocuparse por la naturaleza adictiva de las redes sociales o de los juegos en la computadora? Por qué preferir la realidad genuina a la realidad virtual? Fue Nietzsche el que observó correctamente que cuanto mayores son nuestros logros científicos, menor es nuestra calificación de la persona humana. Ya no seres a la imagen de Dios, nos hemos transformado en algoritmos encarnados.

La verdad es que cuanto más sabemos acerca del cerebro humano, mejor podemos describir lo que es la libre voluntad. En la actualidad los científicos distinguen la amígdala, la parte más primitiva del cerebro, preparada para sensibilizarnos ante un potencial peligro; el sistema límbico, a veces llamado el “cerebro social”, responsable de gran parte de nuestra vida emocional; y la corteza prefrontal, analítica, capaz de contemplar en forma desapasionada las consecuencias de las diversas elecciones. (7) Las tensiones entre estas tres fuerzas configuran el campo de acción en el cual la libertad personal puede ganar o perder.

Los esquemas de conducta están moldeados por los caminos neuronales que conectan las distintas partes del cerebro, pero no todas son beneficiosas para nosotros. Podemos, por ejemplo, acudir a las drogas, comer en exceso o buscar situaciones riesgosas para evitar los componentes químicos de la tristeza – temores y ansiedades por ejemplo – que también forman parte de la arquitectura del cerebro. Cuanto más lo practicamos, más mielina se forma en esa vía, haciendo más rápido e instintivo el comportamiento. Por lo que cuanto más frecuentemente nos comportamos de determinada forma, más difícil es quebrar el hábito y crear una vía nueva y distinta. Hacerlo requiere la adopción de nuevos hábitos, realizados en forma consistente y durante un periodo de tiempo extenso. La teoría científica actual estima que se requiere un mínimo de 66 días para crear un nuevo hábito. (8)

Asi que ahora disponemos de una explicación científica del proceso de endurecimiento del corazón del Faraón. Habiendo establecido el esquema de respuesta de las cinco primeras plagas, a él le resultaría cada vez más difícil en cada nivel – neurocientífico, político y psicológico – poder cambiar. Lo mismo es válido para cada mal hábito o decisión política. Casi todas nuestras estructuras, mentales y sociales, tienden a reforzar los esquemas previos de conducta. O sea que nuestra libertad disminuye cada vez que dejamos de ejercitarla.

Si es así, entonces la parashá de hoy y la ciencia contemporánea cuentan la misma historia: que la libertad no es un hecho otorgado ni es algo absoluto. Debemos trabajar para lograrla. La adquirimos lentamente, por etapas, y la podemos perder, como la perdió el Faraón, y como la pierden los drogadictos, los adictos al trabajo y a los juegos electrónicos. En uno de los prólogos más famosos de toda la literatura, Jean Jacques Rousseau escribió al comienzo de El Contrato Social que “el hombre nace libre, y en todo lugar en que está, se encuentra encadenado.” En realidad, es cierto lo contrario. Nuestro carácter primario está determinado parcialmente por el ADN – la herencia genética de nuestros padres y de los suyos -, en parte por nuestro hogar y educación, por nuestros amigos (9) y por la cultura que nos rodea. No nacemos libres. Tenemos que trabajar duramente para lograr la libertad.

Todo esto requiere rituales cuya repetición crea nuevas vías neuronales y un nuevo comportamiento de rápida respuesta. Requiere una distancia calibrada de la cultura que nos rodea, si es que no queremos ser arrasados por las modas y costumbres sociales que inicialmente parecen liberadoras, pero que retrospectivamente resultan destructivas. Requiere una disciplina mental que nos haga detenernos ante una acción significativa y nos haga preguntarnos “Debo hacer esto? Puedo hacerlo? Qué normas de conducta debo implementar?” Se trata de la internalización narrativa de la identidad, de tal forma que pueda preguntarme en cualquier momento, “Es esto lo que soy y lo que me representa?”

No es casual que todos los elementos listados en el párrafo anterior son características salientes del judaísmo, que a su vez es un seminario continuo del control de los impulsos y la voluntad de poder. Ahora que comenzamos a entender la plasticidad del cerebro, conocemos algo de la neurociencia que explica la capacidad de sobreponernos a las adicciones y los malos hábitos. Guardar Shabat, por ejemplo, tiene la capacidad de liberarnos a nosotros y a nuestros hijos de la adicción al teléfono celular y a todo lo que lo rodea. La religión en la cual la primera festividad, la de Pesaj, celebra la libertad colectiva, nos otorga con sus rituales las capacidades necesarias para la libertad personal.

La libertad entonces no es un don, sino un logro. Hasta el Faraón, el personaje de mayor poder de la era antigua, la pudo perder. Y aun una nación de esclavos, con la ayuda de Dios, la pudo lograr. Nunca hay que tomar la libertad como un bien dado. Requiere cien pequeños actos diarios de autocontrol, que es de lo que trata la halajá, la ley judía.

La libertad es como un músculo, necesita ser ejercitado para que no se atrofie: hay que usarlo o perderlo. Esa es una idea que cambia la vida.

 

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  1. Esta es, a grandes rasgos, la postura de Maimónides que argumenta que después de las primeras cinco negativas Dios le “cerró la puerta del arrepentimiento al Faraón. Ver Hiljot Teshuva 5:2-3, 6:1-3
  2. Esta es la postura de Sforno a Ex. 7: 3.
  3. Postura de David Luzzatto a Ex. 7: 3
  4. Maimónides , Hiljot Teshuva, 5: 4
  5. También planteado por Aristóteles.
  6. Ver https://www.nature.com/news/2008/08041/full/news.2008.751.html
  7. Las amígdalas y el sistema límbico son lo qué el Zohar y otros textos místicos judíos llaman el nefesh ha-behamit, el “alma animal” que está en nosotros.
  8. Un libro fácilmente accesible sobre el tema es el de Loretta Grazianom Breunin, Habits of a happy Brain: Retrain your brain to boost your Serotonin, Dopamine, Oxytocin & Endomorphine levels, Adams Media, 2016
  9. Ver Judith Harris, The Nurture Assumption, Free Press, 2009

 

La iluminación viene en etapas (Shmot)

 La iluminación viene en etapas (Shmot)

La iluminación debe llegar poco a poco; de lo contrario, sería abrumadora. -Idries Shah

Moisés, mientras cuidaba las ovejas de su suegro en el desierto, ve una visión extraña y maravillosa. Él nota un árbol en llamas, pero por alguna razón, el árbol no es consumido por el fuego. Por curiosidad, se acerca y luego ve lo que parece ser un ser celestial dentro de las llamas del árbol. Finalmente, percibe, de alguna manera lo que no podemos describir o comprender, la presencia de Dios.

Rabbeinu Bechaye en Éxodo 3:1 (Shmot) explica que la revelación escalonada de lo sobrenatural fue intencional y para el beneficio de Moisés. Si Dios se hubiera revelado a Moisés de golpe, Moisés habría huido, completamente abrumado por la Revelación divina. Por lo tanto, Dios comenzó con un fuego misterioso que no quemó el árbol. El interés de Moses fue despertado, su mente preparada para lo inusual. Luego, el avistamiento de un ser angelical alertó a Moisés sobre el hecho de que era un evento espiritual, de otro mundo. Finalmente, Dios podría acercarse a Moisés; incluso hablar con él de una manera que le permita a Moisés mantener su compostura, su estabilidad mental.

Rabbeinu Bechaye compara la revelación gradual con un hombre que ha estado sentado en la oscuridad por algún tiempo. Sus ojos se han acostumbrado a la oscuridad. Si pasa del tono negro a la luz brillante demasiado rápido, sería cegado, tal vez incluso dañaría su vista. La forma de transición es mirar una pequeña franja de luz y acostumbrarse a eso antes de exponerse a una luz más fuerte y brillante.

Es lo mismo con la luz mental. La mente necesita comenzar con conceptos con los que esté familiarizado, antes de que pueda comprender verdades más grandes, revelaciones más poderosas. Dios toma el mismo enfoque al presentar sus mandamientos a Israel. Comienza con algunos conceptos básicos, como el sábado y las leyes civiles. Luego procede a los Diez Mandamientos y, a partir de entonces, presenta la mayor parte de los mandamientos de la Torá.

Dios también nos dio un fenómeno paralelo en la naturaleza. El amanecer comienza lentamente; solo una astilla de luz. La luz parece crecer lentamente, dando a nuestros ojos la oportunidad de acostumbrarse a ella. En un proceso gradual, la luz llena el cielo hasta que podemos manejar la luz de un día brillante y soleado.

Que podamos ver una luz cada vez mayor en nuestras vidas, y no cegarnos por ello.

Shabat shalom,

Ben-Tzion

Dedicación

Para los manifestantes iraníes. Que superen la oscuridad y conviertan a su país en luz.

 

Rabino Sacks Shemot 5778 – Dios ama a los que discuten

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Dios ama a los que discuten

Shemot 5778

Rabino Sacks Shemot 5778 [PDF]

He estado crecientemente preocupado por el ataque a la libre expresión que se está dando en todo Occidente, y especialmente en los campus universitarios. (1) Esto se está haciendo en nombre del “espacio de seguridad” supuestamente un área de protección frente a expresiones que pueden ser estresantes, “voces de alerta” (2) y “microagresiones”, o sea, cualquier comentario que a alguien le pueda resultar ofensivo aun cuando no fuera esa la intención.

Esto ha llegado al punto de que, a comienzos de 2017, estudiantes del Colegio de Oxford prohibieron la presencia de un representante de la Unión Cristiana por considerar que para algunos su discurso podría ser considerado alienante u ofensivo. (3)  Cada vez más, disertantes con posturas polémicas son desinvitados: su número se incrementó de 6 en el año 2000 a 44 en 2016. (4)

Indudablemente, la motivación de estas medidas fue planteada con la mejor de las intenciones: proteger los sentimientos de los más vulnerables. Es un cuidado éticamente legítimo. La ley judía condena expresamente lashon ha-rá, expresiones hirientes o descalificantes, y los sabios incluso se cuidaban de usar lashon sagi nahor, los eufemismos, para evitar el lenguaje que eventualmente podría resultar ofensivo.

Pero un espacio seguro no es en el que se silencian las voces disidentes. Al contrario, es donde se les otorga una plataforma respetuosa a opiniones opuestas a la propia, sabiendo que su voz también será escuchada con respeto. Esa es la libertad académica, esencial para una sociedad libre.(5) Como señaló George Orwell: “Si algo significa la libertad, es el derecho de decirle a la gente lo que no tienen ganas de escuchar.”

En forma similar, John Stuart Mill escribió que una de las peores ofensas contra la libertad es “estigmatizar a los que tienen una opinión contraria a la propia tildándolos de malvados o inmorales.” Eso es lo que está ocurriendo en instituciones que se supone deberían ser guardianes de la libertad académica. Nos estamos acercando peligrosamente a lo que en 1927 Julian Benda llamó “La traición de los intelectuales,” donde señaló que la vida académica había sido tan degradada que se había transformado en una tribuna para “la organización intelectual de los odios políticos.”(6)

Lo que es impactante del judaísmo, y lo vemos patentemente en la parashá de esta semana, es que la discusión y el planteo de argumentos enfrentados hacen a la esencia de la vida religiosa. Moshé discute con Dios. Ese es uno de los aspectos más salientes de su persona. Discute con Él en su primer encuentro frente a la zarza ardiente. Cuatro veces se resiste al llamado de Dios para liderar a los israelitas hacia su libertad, hasta que Dios se enoja con él (Ex. 3:1-4:7). Más significativamente, al final de la parashá le dice a Dios:

“Señor, por qué has traído problemas a este pueblo? Por qué Me has enviado? Desde que he venido a hablar con el Faraón en Tu nombre, él ha causado problemas a este pueblo, y no has rescatado a Tu pueblo en absoluto”. (Ex. 5: 22-23)

Este es un lenguaje extraordinario para un ser humano que se dirige a Dios. Pero Moshé no fue el primero en hacerlo. El primero fue Abraham, que exclamó al conocer la voluntad de Dios de destruir a las ciudades de la llanura:

“Será que el Juez de toda la tierra no impartirá justicia?” (Gen. 18: 25)

De manera similar Jeremías, al plantear la eterna pregunta de por qué le pasan cosas malas a gente buena y cosas buenas a gente mala, preguntó: “Por qué progresan los malvados? Por qué los que no tienen fe viven tranquilos?” (Jer.12: 1) En el mismo tono, Habakkuk desafió a Dios: “Por qué toleras a los traidores? Por qué Te mantienes en silencio cuando los malvados se tragan a los que son más rectos que ellos?” (Hab.1: 13) Job, que desafía la justicia Divina, es vindicado en el libro que lleva su nombre, mientras que sus amigos defensores de la justicia Divina son mencionados como habiendo hablado incorrectamente. (Job 42: 7-8) El Cielo, en síntesis, no es un espacio seguro en el sentido corriente del término. Al contrario: Dios ama a los que discuten con Él – o así parece ser en el Tanaj.

Igualmente impactante es el hecho de que los sabios continuaron la tradición y le dieron un nombre: argumentar por el bien del cielo (7) que se define como el debate por el bien de la verdad, a diferencia del debate por una victoria.  (8) Como resultado, el judaísmo es, quizás como único caso,  una civilización donde todos sus textos canónicos son antologías de discusiones. El Midrash funciona sobre la base de que la Torá tiene “setenta caras” y por lo tanto, cada versículo está sujeto a múltiples interpretaciones. La Mishná tiene muchos párrafos que dicen que el “Rab. X dice tal cosa mientras que el Rab. Y dice tal otra.” El Talmud afirma en nombre de Dios mismo, acerca de las visiones en conflicto de las escuelas de Hillel y de Shammai, que “Estas y esas son las palabras del Dios viviente.” (9)

Una edición normal de Mikraot Guedolot consiste en el texto rodeado de múltiples comentarios, y hasta comentarios de comentarios. La edición común del Talmud babilónico tiene el texto rodeado de las opiniones frecuentemente conflictivas de Rashi y los Tosafistas. Moisés Maimónides, en el texto magistral de la ley judía Mishné Torá, adoptó la decisión casi sin precedentes de presentar la conclusión halájica sin el acompañamiento de las discusiones respectivas. El resultado irónico pero predecible fue que la Mishné Torá fue rodeada de una interminable serie de comentarios y discusiones. En el judaísmo la discusión es algo sagrado.

Por qué motivo? Primero, porque solo Dios puede ver la totalidad de la verdad. Para nosotros, meros mortales, que solo podemos ver fragmentos de la verdad de una vez, existe una irreductible multiplicidad de perspectivas. Vemos la realidad a veces de una forma, otras de otra. La Torá nos proporciona un ejemplo dramático de esto en los primeros dos capítulos que nos dan dos versiones de la creación, ambas correctas, expuestos desde distinto ángulo. Los diferentes puntos de vista del sacerdote y del profeta; de Hillel y de Shammai; del filósofo y el místico; el historiador y el poeta, cada uno captura algo esencial de la vida espiritual. Hasta en un mismo género, los sabios notaron que “dos profetas no profetizan con el mismo estilo.” (10) La Torá es una partitura escrita para muchas voces.

Segundo, porque la justicia presupone la vigencia del principio llamado en la ley romana audi alteram partem, “escuchar a la otra parte.” Es por eso que Dios quiere que Abraham, Moshé, Jeremías y Job lo desafíen, a veces para pedir misericordia, o como en el caso de Moshé al terminar la parashá de esta semana, para pedirle que actúe prontamente en defensa de Su pueblo.(11) Tanto el fiscal como el defensor deben ser escuchados si es que se hará justicia, y para ver que se haga justicia.

La búsqueda de la verdad y la justicia necesita del desacuerdo de la libertad. El Netziv argumentaba que la prohibición del desacuerdo fue el pecado de los constructores de Babel.(12) Lo que necesitamos entonces no es un “lugar seguro” sino civilidad, o sea, un espacio respetuoso para las opiniones con las cuales no estamos de acuerdo. Uno de los más hermosos pasajes del Talmud nos dice que las opiniones de la escuela de Hillel se transformaron en ley porque “eran amables y no ofendían, y porque mostraban las opiniones de sus oponentes antes que las propias.” (13)

Y de dónde aprendimos esto? De Dios mismo, que eligió como Sus profetas a personas preparadas para discutir con el Cielo en beneficio del Cielo y en el nombre de la justicia y de la verdad.

Cuando aprendas a escuchar opiniones distintas a la tuya, dándote cuenta de que no estás siendo amenazado sino agrandado, entonces habrás descubierto la idea transformadora de vida de argumentar por el bien del cielo.

 

 

SacksSignature

  1. Escribí sobre este tema hace diez años en mi libro The Home we Build Together (2007) en el capítulo intitulado “The defeat of Freedom in the name of Freedom (La derrota de la libertad en nombre de la libertad) 37-48. La situacion ha empeorado significativamente desde entonces.
  2. Ver Mick Hume, Trigger Warning: is the fear of being offensive killing free speech? London, William Collins, 2016.
  3. Ver http://www.telegraph.co.uk/education/2017/10/10/oxford-college-bans-harmful-christian-freshers-fair.
  4. Jean M. Twenge, iGen, Atria, 2017,253.
  5. Saludo a la Universidad de Chicago, a Princeton y otras universidades que han plantado una sólida defensa de la libre expresión en los campus; y el Prof. Jonathan Haidt y sus colegas de la Heterox Academy, fundada para promover la diversidad intelectual en la vida académica.
  6. Julian Benda, The Treason of the Intellectuals, Transaction, 2007, 27
  7. Mishná Avot 5: 17.
  8. Meiri a Avot, ad loc.
  9. Eruvin 13b.
  10. Sanhedrin 89a.
  11. Ver en Pesajim 87 a-b un impactante pasaje en el que Dios critica al profeta Oseas por no salir en defensa de su pueblo.
  12. Ha’amek Davar a Gen. 11: 4.
  13. Eruvin 13b.

 

Las diez tribus desaparecidas (Vayeji)

Las diez tribus desaparecidas (Vayeji)

Las promesas son la singular forma humana de ordenar el futuro. Hannah Arendt

El término “judío” se deriva de Judea, es decir, descendientes de Judá. Pero Judá era solo uno de los hijos de Jacobo, solo una de las tribus de Israel. Nuestra historia nos dice que antes de la destrucción del primer Templo en Jerusalén, hace más de 2.700 años, nuestros hermanos, las diez tribus del norte de Israel, fueron conquistados y exiliados por el rey de Asiria. Se han perdido en nuestra historia desde entonces.

Existe una amplia discusión sobre el destino de estas diez tribus perdidas. Sin embargo, cada año hay más evidencia de hasta dónde llegaron los descendientes de las tribus de Israel. Es posible que hayan llegado hasta India, China e incluso las Américas. Aún más importante, los miembros de estas tribus descubiertas recientemente han sido aceptados como judíos por los principales rabinos y han regresado a la tierra de Israel. Esto incluye a los judíos etíopes que remontan su ascendencia a la tribu de Dan y los judíos de la India que todavía se refieren a sí mismos como los hijos de la tribu de Menashe.

Rabbeinu Behaye en Génesis 49:1 (Vayeji) predijo el regreso de las tribus desaparecidas hace siglos y explicó que nuestro patriarca Jacobo insinuó proféticamente sobre estos eventos en sus últimas palabras a sus hijos. Jacobo usa dos términos diferentes para “serás reunido” en sus últimas palabras. Rabbeinu Behaye explica que Jacobo se estaba refiriendo a dos reuniones, cada una relacionada con dos redenciones. La primera redención fue que los Hijos de Israel, las doce tribus, serían redimidos de la esclavitud de Egipto y todos ellos serían llevados a la tierra de Israel. La segunda redención, que será paralela en muchos aspectos a la redención de Egipto, se refiere al fin de los días, la era mesiánica que abarcaría dos amplias “reuniones”.

La primera reunión en Israel sería el regreso de los descendientes de Judá (que incluye a la tribu de Benjamín, así como a los levitas y los kohanim), de lo que somos testigos en la era moderna. La segunda reunión será la de las diez tribus durante la redención final, reuniendo a todas las tribus de Israel después de milenios de separación, algo que vemos desplegarse ante nuestros propios ojos.

Que nuestros hermanos de todos los rincones de la tierra encuentren el camino a casa y que les demos la bienvenida de buena gana.

Shabat Shalom,

Ben-Tzion

Dedicación

A la organización Shavei Israel, que ha sido tan vital para ayudar a encontrar y recuperar a nuestras tribus perdidas.